sábado, 15 de febrero de 2014

EL INCENDIO DE SANTANDER.


En el 73 aniversario del incendio de Santander, me gustaría hacer una breve reseña sobre los acontecimientos acaecídos en nuestra ciudad aquel fatídico día.





Comenzó en la tarde-noche del 15 de Febrero de 1941; el viento del Sur soplaba con brutal intensidad y se dice que se producían rachas de hasta 180 Km por hora, algo aproximado pues, según parece, los aparatos de medición resultaron destruidos por el incendio. Sea como fuere, las condiciones fueron de lo más propícias para tal catástrofe.




El incendio comenzó en la calle Cádiz, aunque el origen es confuso; se habla de un cortocircuito, chispas expulsadas por alguna chimenea, incluso de un brasero mal apagado sacado al exterior. Así pues, las llamas se propagaron rápidamente impulsadas por el fuerte viento y alimentadas por las estructuras de madera, construcción habitual de la época y volaron hasta la Catedral; ubicada en un lugar alto y de ahí se propagaron, sobre todo, en dirección Norte.




Los que visitais Santander en la actualidad quizás os hayais preguntado por qué carecemos casi por completo de casco viejo urbano, no como en otras ciudades; la razón está a la vista, el fuego destruyó todo el nucleo comercial santanderino de la época.




Era ya de madrugada y las llamas se propagaban a tal velocidad, que la gente de las viviendas más cercanas fue cogida por sorpresa y abandonaba sus viviendas con lo puesto, algunas personas saltaron literalmente de la cama; el pánico fue inimaginable.




Dada la magnitud de la catástrofe, comenzaron a llegar bomberos de nuestras provincias colindantes, incluso hasta de Madrid; se comenzaba a pensar que sería imposible extinguirlo...




Pero el ya el día 17 el viento amaina; las esperanzas de acabar con el fuego se consolidan. No es suficiente y las autoridades han de tomar una drástica medida: dinamitar una franja de edificios en una zona alta de Santander, hacia la calle Tantín, para establecer un cortafuegos. Es lo que conocemos ahora por el grupo Pero Niño.




Poco a poco las labores de unos agotados bomberos van dando su fruto y algunos días despues el incendio es declarado oficialmente extinguido. Las pérdidas económicas, como es de imaginar, fueron colosales; la gente realojada en barracones de madera construidos precipitadamente, reaccionó responsablemente, según se dice y cabe destacar la auséncia de victimas mortales, lo cual de por sí es increíble, dadas las circunstancias; salvo por el fallecimiento de un bombero madrileño debido a una afección cardiaca días despues.


En fín, en el año 1989 se inagura esta escultura del escultor santanderino José Cobo Mantecón en la confluencia de las calles Alfonso XIII y Calderón de la Barca, en homenaje a quienes padecieron aquella catástrofe:




Un par de libros interesantes sobre el tema, que aquí os dejo...



...y un interesante video reportaje de mi amigo Jesús San Sebastian, buen conocedor de la historia reciente de nuestra ciudad, que os recomiendo ver para más información:



                                http://youtu.be/9M2vRo7Mlvk




Aunque debo decir que mis fuentes de información para escribir este post han sido los ancianos del lugar; gente que vivió la situación in situ, tal como mi madre que entonces contaba con siete años de edad y aún recuerda ver volar una viga en llamas sobre la cuesta de la Atalaya impulsada por el fuerte viento o mi padre, dedicado a la construcción de los barracones para los damnificados siendo aún un niño. Tan solo comentar como anécdota que la catástrofe fue conocida como "El incendio andalúz", pues comenzó en la calle Cádiz y terminó en la calle Sevilla.
Y éso es todo, espero no haber cometido ninguna inexactitud grave y tampoco haberme extendido mucho; gracias por vuestra atención.